Al margen de las responsabilidades políticas que deben asumir los ministros es inadmisible que a estas alturas una diputada catalana del PP critique a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por su acento andaluz, que califica de "chiste".
Parece que esta diputada desconoce que su mismo partido tiene una sede en Andalucía y muchas alcaldías en sus provincias, y que dirigentes destacados en la Comunidad utónoma, como Javier Arenas o Celia Villalobos, tienen también ese mismo acento de chiste, al que ella se refiere. A estas alturas de vida democrática intentar derribar al rival con este tipo de comentarios sólo desvela de inmadurez de cierta clase política y su necesidad de aferrarse a localismos innecesarios.
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